miércoles, octubre 03, 2007
Breve historia de la WWW

Este problema se podía solucionar de dos formas posibles: o bien nos instalamos cientos de convertidores y programas en cada ordenador para poder leer todos esos formatos que son hijos cada uno de su padre y de su madre, o bien alguien se encarga de desarrollar un tipo de documento estándar que se pueda leer en todas partes. Dos científicos, el británico Tim Berners-Lee y el belga Robert Cailliau, idearon un formato de documento optimizado para ser leído en pantalla, con imágenes incrustadas e hipervínculos que pudiesen enlazar con otros documentos, con otras partes del mismo o con ficheros descargables.
El concepto de hipervínculo o enlace ya existía prácticamente desde que empezaron a existir documentos en formato electrónico. Sin embargo, hasta entonces se había utilizado de una forma un tanto primitiva, creando el vínculo en ambos documentos, de forma que era necesario poner una "marca" en el documento de destino para que el enlace de origen supiera donde tenía que enlazar. Esto podía valer si tienes el control de todos los documentos que publicas, pero ¿que sucede si quieres enlazar con un artículo ajeno para citarlo como referencia? En un directorio privado puede funcionar, pero no en una gran red de máquinas interconectadas.

Bajo estos principios fundamentales se pusieron manos a la obra en las instalaciones del CERN, en Suiza, y en 1989 nacieron las primeras especificaciones de HTML, el primer servidor web, el protocolo HTTP, el primer navegador Web y -por supuesto-, la primera página web.
Tanto sus creadores como el CERN decidieron liberar esta tecnología, de forma que cualquiera pudiese utilizarla o desarrollar tecnologías derivadas sin pagar nada a cambio. A raiz de esto, y de que era una idea cojonuda, comenzó a expandirse a principios de los 90 como el estándar de la red, reemplazando a las antiguas BBS y a otros servicios como gopher que enseguida se quedaron obsoletos.

La web 1.0: contenido y formato
Pero volvamos a la web, porque la experiencia era impactante. En aquellos lejanos días, una página tardaba la de dios en cargar el texto y la de dios y su madre en cargar las imágenes. En mas de una ocasión me había leído la página entera y la foto solo iba por la mitad. A esa velocidad de vértigo había que sumarle el cutrerío de una web que en el mejor de los casos todavía estaba en pañales, y en el mas habitual, estaba en pelota picada. Google todavía era un proyecto, de modo que los buscadores por excelencia eran Altavista y Yahoo. Realizar una búsqueda de información era como que te tocase la lotería, ya que lo único que hacían los buscadores era darte todos los resultados que contenían la palabra que estabas buscando. Absolutamente todos y de forma aleatoria, de modo que buscar "pipas para el hamster" te daba 3459324759 resultados ordenados de aquella manera. Entrabas en el primer enlace y se te abrían 12 ventanas con publicidad, debajo de todos ellos estaba la página a la que ibas y el texto que te interesaba leer estaba escondido entre varios banners chillones. Con un poco de suerte, ninguno de ellos era porno.
Y es que -inevitablemente- hablar de los primeros tiempos de la web es hablar de porno. Pero no de erotismo ni de porno explícito realizado por profesionales, sino del porno mas grumoso y low-cost que te puedas echar a la retina. Estás tan tranquilo leyendo una discusión sobre el cultivo del rododendro, pinchas en un enlace y se te abren cuatro ventanas mas: una vieja haciéndoselo con su pastor alemán, una señorita recibiendo un giñote en la cara, el señor goatse mostrando su belleza interior y, de propina, una orgía de mutilados de guerra con lencería prestada.

La guerra de los navegadores

Tras el ostiazo inicial, decidieron dejarse de proyectos paralelos, entrar en la web por la puerta grande y hacerse los amos del cotarro. De este modo empezaron a salir las primeras versiones medio serias de Internet Explorer, que entró arrasando con todo. Incluyendo el juicio que les puso Sun Microsystems por apropiación indebida de la tecnología Java y el juicio que les puso Netscape por competencia desleal y abuso de posición predominante. El plan de Redmond constaba de tres fases:
- Instalar de forma predeterminada el navegador en Windows, de forma que los usuarios no tuviesen que descargarse nada de otro sitio
- Crear -y vender- un servidor web propio
- Modificar poco a poco las especificaciones originales de la web, de forma que incluyesen mas pijotadas, programitas dentro del navegador y cosas que Netscape no pudiese mostrar. De este modo, las páginas SOLO se verían bien en Internet Explorer
Pero esta jugada tuvo algunos efectos colaterales. Por un lado, entramos en una extraña guerra de formatos: algunas páginas necesitaban flash, otras realplayer, otras, el windows media player, otras, java. Al haber volatilizado el estándar real, cada empresa tiró por su lado y se dedicaron a patrocinar lo suyo. En muchos sitios web era bastante típico ver la coletilla "Este sitio requiere Internet Explorer 5 o superior, el plugin de Flash, Realplayer y una resolución mínima de 1280x1024". Apaga y vámonos.

La puntilla al reinado de IE se la dió Netscape, a título póstumo. Ya que no habían podido competir con la mayor corporación del planeta, decidieron liberar el código de su difunto navegador y crear una fundación sin ánimo de lucro que continuase su desarrollo. Supongo que ya sabes el resto de esta historia y que conocerás el mensaje de coña que hay oculto en tu navegador Firefox.
Punto final: el ostiazo puntocom
Algunos sesudos historiadores achacan el final de la burbuja puntocom a caídas de la bolsa motivadas por los atentados del 11S. Otros dirán que fue la ETA y se quedarán tan anchos. Lo cierto es que el modelo de negocio tal y como se veia en los 90 no se sostenía por ningún sitio, pero como los inversores tampoco tenían mucha idea y todo sonaba muy fresco e innovador, cualquier tontería colgada en la web tenía pintas de ser el negocio del siglo. Me remito otra vez al ejemplo de terra: grandes titulares en los periódicos diciendo que telefónica había comprado una multinacional norteamericana (Wow! suena grandilocuente!) y que sus acciones iban a salir a bolsa. Al día siguiente, miles de mindundis corrían a comprar esas acciones sin saber mucho de que iba la cosa. Al final, lo que terra había comprado era un portalucho bastante ruinoso con un buscador que no serviría para nada en cuanto llegase Google, y el valor real de esas acciones fue proporcional al de la suavidad del papel en el que estaban impresas, porque a la hora de la verdad solo servían para limpiarse el culo.
Otros portales siguieron la técnica del camello: dártelo gratis al principio para cobrarte por ello cuando te enganches. De modo que en cuanto los accionistas empezaron a exigir beneficios -o, al menos, menores pérdidas- dejaron de ofrecer SMS gratis, cuentas de correo "para toda la vida (sic)", canales de chat cutrongos y contenidos que malamente servían para matar el aburrimiento. El resultado fue el que todos nos esperábamos, que nadie quiso pagar por unos servicios que ni siquiera eran gran cosa cuando eran gratis.
Podríamos decir que la debacle puntocom desbancó a los listillos y dió alas a los verdaderos emprendedores. Un ejemplo claro es el de Hotmail, que a mediados de 2004 ofrecía un servicio de correo de 2 miserables megas de almacenamiento con la posibilidad de cobrarte para que tuvieses hasta 10 megas (¡Wow!) Todos recordamos lo que pasó con este servicio en cuanto apareció gmail: Ostiazo puntocom.

Todo esto ha sucedido -mas o menos- en los últimos 10 años.... ¿cual será el resumen en 2017?
Comments:
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Qué ven mis... ojos?!
Actualiza y todo!! Joer, cuanta faena acumulada, pero promete. Este post ha estao de puta madre.
Qué recuerdos.
Lo confieso, en algún momento yo también puse algún obrero de los de "En construcción". Y mira que eran odiosos..
Volveré!
Actualiza y todo!! Joer, cuanta faena acumulada, pero promete. Este post ha estao de puta madre.
Qué recuerdos.
Lo confieso, en algún momento yo también puse algún obrero de los de "En construcción". Y mira que eran odiosos..
Volveré!
Hacía tiempo que no leia algo tan interesante y a la vez, tan bien explicado. Un abrazo Biter.
Pedro G.
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Pedro G.
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